lunes, 15 de enero de 2007

SER O NO SER HIJOS DE DIOS

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3, 7-10)

Hijos míos: No dejen que nadie los engañe. Quien practica la santidad es santo, como Cristo es santo. Quien vive pecando, se deja dominar por el diablo, ya que el diablo es pecador desde el principio.

¿ Que es pecar ? - , cuando hacemos algo que daña a otros moralmente o materialmente, sin intención o intencionalmente de ambas formas, o cuando nos mostramos indiferentes a las necesidades de los demás pudiendo ayudar de la forma que sea, cuando nos dejamos dominar por los vicios, o por otras personas que deciden por nosotros en que pensar y en que hacer porque de esta manera nos convertimos en esclavo, excepto en cuestiones laborales, o cuando nos dejamos engañar por no usar la inteligencia que nos regalo Dios, por no buscar la verdad


Pues bien, para eso se encarnó el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. Ninguno que sea hijo de Dios sigue cometiendo pecados, porque el germen de vida que Dios le dio permanece en él. No puede pecar, porque ha nacido de Dios.
En esto se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo: todo aquel que no practica la santidad, no es de Dios; tampoco es de Dios el que no ama a su hermano.

Todos sin excepción somos pecadores, y es imposible para nosotros dejar de serlo, por esta razón Jesús dio su vida, por nuestra salvación, por lo tanto el pecado de hoy, consiste en no creer en Jesús, no creer en su palabra, no creer en su evangelio y no practicar lo que esta escrito.
Si escucháramos la palabra de Dios y la ponemos en practica, nos bautizamos en Espíritu Santo, nos convertimos en hijos de Dios y ya no podemos seguir pecando.
Ser Santo es ser fiel a la palabra de Dios, al Evangelio, no a preceptos de hombres ya que ninguno subió y bajo del cielo , pero Jesús bajo del cielo como regalo de Dios para nuestra salvación y luego volvió junto al Padre.

Palabra de Dios.

Salmo 97

Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.

Alégrense el mar y el mundo submarino, el orbe y todos los que en él habitan. Que los ríos estallen en aplausos y las montañas salten de alegría.

Toda la tierra ha visto al Salvador.
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.

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