LO QUE UN CRISTIANO JAMAS DEBE OLVIDAR
La idolatría es el culto a la ignorancia pues por su medio se adora a Dioses falsos creados por hombres maliciosos para someter a los pueblos, Dios abomina la idolatría.
En tiempos del profeta Eliseo había muchas enfermedades incurables como la lepra, y como sabemos, todo lo que sucede es porque Dios lo permite pero si permite es porque tiene sus muy buenas razones, y una de estas razones es la idolatría, la pregunta es; ¿ podemos idolatrar a Dios ? .... por supuesto que si ! ... Si solo vamos al templo a orar como una costumbre o si festejamos o celebramos algún aniversario religioso, sin tener cuenta los mandamientos de Dios, tampoco vamos a tomar en cuenta la solidaridad entre la gente, en aquella época era la Ley, hoy es el Evangelio por el cual Jesús nos dio su vida y la redención, entonces, estamos idolatrando a Dios, lo estamos tratando como si Dios fuese un ídolo de piedra que no oye, ni ve, ni habla, que no puede moverse y hay que sacarlo en andas para que la gente lo vea y lo llaman procesión, y las procesiones son una costumbre idolátrica, sucedió en el pasado y sigue sucediendo hoy en día, a muy contadas personas les interesa conocer la palabra de Dios, son muy pocos y pocos se animan a divulgar lo que sabe, ya sea por vergüenza o por temor al ridículo.
Lo que a continuación se relata, sucedió en tiempos de Eliseo el profeta, par que nos sirva de ejemplo de cuan severo es Dios, mucho más severo cuando la gente dice creer en El, pero no hacen caso de su palabra
2 Rey. 5, 1-15:
Naamán era el jefe del ejército del rey de Aram. Este hombre era muy estimado. Gozaba del favor del rey porque Yavé se había valido de él para conducir a la victoria el ejército de los arameos. Pero este valiente estaba enfermo de lepra.
Naamán era pagano y Arameo enemigos de Israel.
Un día, unos soldados arameos entraron al país de Israel y se llevaron cautiva a una muchachita, que quedó al servicio de la mujer de Naamán.
Ella dijo a su patrona: «Ojalá mi señor se presentara al profeta que hay en Samaria, pues él le sanaría la lepra.»
Fue entonces Naamán ante el rey y le dijo: «Esto dice la muchachita que me trajeron de Israel.»
Le dijo el rey de Aram: «Anda donde el profeta y además mandaré una carta al rey de Israel.»
Tanto Naamán como el Rey de Aram, nos dan un ejemplo de humildad, como es el recurrir al enemigo para ser curado de su lepra.
Naamán, pues, se fue tomando diez barras de oro, seis mil monedas de plata y diez vestiduras.
Al llegar entregó al rey de Israel la carta, que decía: «Te presento a mi servidor Naamán para que lo sanes de su lepra.»
Al leer la carta el rey, rasgó sus vestidos para manifestar su indignación: «Yo no soy Dios para dar muerte o vida. ¡Y el rey de Aram me manda a este hombre para que lo sane! Reconozcan y vean que busca pretextos de guerra.»
Que pensamientos tan absurdo por parte del Rey Judio y cuanta soberbia. ¿ verdad ?
El hombre de Dios, Eliseo, supo que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, y le mandó a decir: «¿Por qué has rasgado tus vestidos? Que el hombre venga a mí, y sabrá que hay un profeta en Israel.»
Es evidente que el profeta era mucho más sabio que el Rey de Israel.
Naamán, pues, llegó con su carro y sus caballos, y se detuvo ante la casa de Eliseo.
Eliseo mandó un mensajero a decirle: «Anda al río Jordán y lávate siete veces, y tu carne se volverá como antes y serás purificado.»
Desprovisto de todo protocolo y de un ceremonial jactancioso, Eliseo le manda decir a Naamán lo que tenia que hacer para curarse de su lepra, Naamán no entendía la sencillez de Dios.
Naamán se enojó y se retiró. Había pensado: «A mi llegada saldrá personalmente a encontrarme, se detendrá y rogará a Yavé. Con su mano tocará la parte enferma y quedaré sano.
¿Acaso no son mejores el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, que todos los ríos del país de Israel? ¿No podría bañarme en los ríos de Damasco para mejorarme de la lepra?»
Sus servidores se acercaron a él cuando se iba, y le dijeron: «Padre, si el profeta te hubiera mandado hacer una cosa difícil, ¿no la habrías hecho? Y ¡qué fácil es bañarte, como el profeta te ha ordenado!»
Naamán aceptó bajar al Jordán y se bañó siete veces, como le había dicho Eliseo. Su piel se puso suave como la de un niño y quedó purificado.
Nuevamente vemos en este pasaje la humildad de Naamán, por que acepto el consejo y las razones de sus sirvientes , otro hombre de su jerarquía dificilmente hubiera aceptado ser aconsejado por sirvientes, incluso nosotros mismos, que si no es un sacerdote o pastor no aceptamos consejos referente a Dios, y esto se debe a nuestra soberbia, y esta soberbia es la causa de nuestra ignorancia de los secretos del Reino de los Cielos.
Entonces Naamán regresó al hombre de Dios con toda su gente. Entró y le dijo: «Ahora sé que no hay en el mundo otro Dios que el de Israel. Te pido que aceptes estos regalos de parte de tu servidor.» pero Eliseo no acepto estos regalos por que la gracia de Dios, es absolutamente gratis.
Salmo Sal. 41, 2-3; 42, 3-4:
Como anhela la cierva estar junto al arroyo,
así mi alma desea, Señor, estar contigo.
Sediento estoy de Dios, del Dios de vida;
¿cuándo iré a contemplar el rostro del Señor?
Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas sean mi guía
y a tu santa montaña me conduzcan,
al lugar donde habitas.
Al altar de Dios me acercaré,
al Dios de mi alegría;
jubiloso con arpa cantaré
al Señor, mi Dios.
Evangelio Lc. 4, 24-30:
Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en su patria. En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y un gran hambre asoló a todo el país. Sin embargo Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.»
Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino.
Jesus les recuerda a los Judíos lo acontecido en tiempos de los profetas, pero aun así y todo, solo querían idolatrar a Dios, no les interesaba conocer sus enseñanzas, así también sucede con los cristianos de hoy en día, no les interesa conocer la palabra de Dios , su Evangelio,....... ¿ Que hará Dios con nosotros ? curara nuestra lepra espiritual ? o nos tratara con mucha severidad ?
En tiempos del profeta Eliseo había muchas enfermedades incurables como la lepra, y como sabemos, todo lo que sucede es porque Dios lo permite pero si permite es porque tiene sus muy buenas razones, y una de estas razones es la idolatría, la pregunta es; ¿ podemos idolatrar a Dios ? .... por supuesto que si ! ... Si solo vamos al templo a orar como una costumbre o si festejamos o celebramos algún aniversario religioso, sin tener cuenta los mandamientos de Dios, tampoco vamos a tomar en cuenta la solidaridad entre la gente, en aquella época era la Ley, hoy es el Evangelio por el cual Jesús nos dio su vida y la redención, entonces, estamos idolatrando a Dios, lo estamos tratando como si Dios fuese un ídolo de piedra que no oye, ni ve, ni habla, que no puede moverse y hay que sacarlo en andas para que la gente lo vea y lo llaman procesión, y las procesiones son una costumbre idolátrica, sucedió en el pasado y sigue sucediendo hoy en día, a muy contadas personas les interesa conocer la palabra de Dios, son muy pocos y pocos se animan a divulgar lo que sabe, ya sea por vergüenza o por temor al ridículo.
Lo que a continuación se relata, sucedió en tiempos de Eliseo el profeta, par que nos sirva de ejemplo de cuan severo es Dios, mucho más severo cuando la gente dice creer en El, pero no hacen caso de su palabra
2 Rey. 5, 1-15:
Naamán era el jefe del ejército del rey de Aram. Este hombre era muy estimado. Gozaba del favor del rey porque Yavé se había valido de él para conducir a la victoria el ejército de los arameos. Pero este valiente estaba enfermo de lepra.
Naamán era pagano y Arameo enemigos de Israel.
Un día, unos soldados arameos entraron al país de Israel y se llevaron cautiva a una muchachita, que quedó al servicio de la mujer de Naamán.
Ella dijo a su patrona: «Ojalá mi señor se presentara al profeta que hay en Samaria, pues él le sanaría la lepra.»
Fue entonces Naamán ante el rey y le dijo: «Esto dice la muchachita que me trajeron de Israel.»
Le dijo el rey de Aram: «Anda donde el profeta y además mandaré una carta al rey de Israel.»
Tanto Naamán como el Rey de Aram, nos dan un ejemplo de humildad, como es el recurrir al enemigo para ser curado de su lepra.
Naamán, pues, se fue tomando diez barras de oro, seis mil monedas de plata y diez vestiduras.
Al llegar entregó al rey de Israel la carta, que decía: «Te presento a mi servidor Naamán para que lo sanes de su lepra.»
Al leer la carta el rey, rasgó sus vestidos para manifestar su indignación: «Yo no soy Dios para dar muerte o vida. ¡Y el rey de Aram me manda a este hombre para que lo sane! Reconozcan y vean que busca pretextos de guerra.»
Que pensamientos tan absurdo por parte del Rey Judio y cuanta soberbia. ¿ verdad ?
El hombre de Dios, Eliseo, supo que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, y le mandó a decir: «¿Por qué has rasgado tus vestidos? Que el hombre venga a mí, y sabrá que hay un profeta en Israel.»
Es evidente que el profeta era mucho más sabio que el Rey de Israel.
Naamán, pues, llegó con su carro y sus caballos, y se detuvo ante la casa de Eliseo.
Eliseo mandó un mensajero a decirle: «Anda al río Jordán y lávate siete veces, y tu carne se volverá como antes y serás purificado.»
Desprovisto de todo protocolo y de un ceremonial jactancioso, Eliseo le manda decir a Naamán lo que tenia que hacer para curarse de su lepra, Naamán no entendía la sencillez de Dios.
Naamán se enojó y se retiró. Había pensado: «A mi llegada saldrá personalmente a encontrarme, se detendrá y rogará a Yavé. Con su mano tocará la parte enferma y quedaré sano.
¿Acaso no son mejores el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, que todos los ríos del país de Israel? ¿No podría bañarme en los ríos de Damasco para mejorarme de la lepra?»
Sus servidores se acercaron a él cuando se iba, y le dijeron: «Padre, si el profeta te hubiera mandado hacer una cosa difícil, ¿no la habrías hecho? Y ¡qué fácil es bañarte, como el profeta te ha ordenado!»
Naamán aceptó bajar al Jordán y se bañó siete veces, como le había dicho Eliseo. Su piel se puso suave como la de un niño y quedó purificado.
Nuevamente vemos en este pasaje la humildad de Naamán, por que acepto el consejo y las razones de sus sirvientes , otro hombre de su jerarquía dificilmente hubiera aceptado ser aconsejado por sirvientes, incluso nosotros mismos, que si no es un sacerdote o pastor no aceptamos consejos referente a Dios, y esto se debe a nuestra soberbia, y esta soberbia es la causa de nuestra ignorancia de los secretos del Reino de los Cielos.
Entonces Naamán regresó al hombre de Dios con toda su gente. Entró y le dijo: «Ahora sé que no hay en el mundo otro Dios que el de Israel. Te pido que aceptes estos regalos de parte de tu servidor.» pero Eliseo no acepto estos regalos por que la gracia de Dios, es absolutamente gratis.
Salmo Sal. 41, 2-3; 42, 3-4:
Como anhela la cierva estar junto al arroyo,
así mi alma desea, Señor, estar contigo.
Sediento estoy de Dios, del Dios de vida;
¿cuándo iré a contemplar el rostro del Señor?
Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas sean mi guía
y a tu santa montaña me conduzcan,
al lugar donde habitas.
Al altar de Dios me acercaré,
al Dios de mi alegría;
jubiloso con arpa cantaré
al Señor, mi Dios.
Evangelio Lc. 4, 24-30:
Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en su patria. En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y un gran hambre asoló a todo el país. Sin embargo Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.»
Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino.
Jesus les recuerda a los Judíos lo acontecido en tiempos de los profetas, pero aun así y todo, solo querían idolatrar a Dios, no les interesaba conocer sus enseñanzas, así también sucede con los cristianos de hoy en día, no les interesa conocer la palabra de Dios , su Evangelio,....... ¿ Que hará Dios con nosotros ? curara nuestra lepra espiritual ? o nos tratara con mucha severidad ?

