No piensen que he venido para abolir la ley, he venido para cumplir con
la ley, - no pasará ni una i ni una tilde de la ley hasta que todo
suceda.
La ley sigue vigente porque, los pecadores que no se arrepienten de sus pecados serán juzgados por la ley, están bajo la ley,
En
cambio, los pecadores arrepentidos que decidieron cambiar de vida, es
decir, dejar sus malas conductas por las buenas conductas según el Evangelio, quedan enmarcados en la fe. - así está escrito.
No obstante se debe tomar pleno conocimiento que la fe en el Evangelio, la Palabra de Dios, es más severa que la ley.
La
ley castiga a los que mienten, roban y matan, pero el Evangelio condena
también la impiedad, la indiferencia, la falta de misericordia, la
falta de amor al prójimo,
Mateo 5: 20 - 26
20
«Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.
Si
nuestra justicia es simplemente lo que dice la ley, no será mejor que
la de los fariseos y escribas... La verdadera justicia está en dar de
comer a los hambrientos, pero no solo de pan vive el hombre, en el Reino
de los Cielos, no hay ignorantes, no hay ciegos ni paralíticos porque
ningún hijo de Dios puede ser ignorante.
21
«Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal.
Pero, el Evangelio agrega algo más.
22
Pues
yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo
ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo
ante el Sanedrín; y
el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.
De
modo que, ya no es
solo el matar, sino también el trato que deberemos tener con nuestro
prójimo, ... En un estado de exaltación podemos expresarnos
groseramente, pero eso no tendría un valor despectivo, no obstante,
también será tomado en cuenta, pero si el trato despectivo con nuestro
prójimo, implica un menospreció como de imbécil y el de un renegado, es
decir un despreciado por Dios, será condenado al infierno.
Esto se debe en razón de que, hemos sido reivindicados por el
sacrificio de la Cruz, tanto buenos como malos, sin embargo, todavía
tenemos que aceptar la salvación con nuestro comportamiento. ahora
contamos con el Espíritu Santo que nos hace conocer todo lo necesario,
que nos da fuerza de carácter y valentía, para un comportamiento digno
de Dios. no es fácil, pero en el esfuerzo se notará nuestro verdadero
interés y nuestra fe, en las cosas del Reino de Dios.
23
Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te
acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
24
deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
Dios
no acepta ofrendas a menos que estemos todos reconciliados unos con
otros, estas exigencias no son requisitos formales. sino que, son
propios de un hijo de Dios.
Todos sabemos que, los cristianos que
van a los templos, no están reconciliados entre si, y en esas
celebraciones, nadie explica estas cosas que estoy diciendo, no quieren
decir la verdad, porque saben que tendrían que soportar lo mismo que
soportó Jesús.
Esto dice Jesús
Marcos 8
38 Porque
quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y
pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga
en la gloria de su Padre con los santos ángeles."
25
Ponte
enseguida a buenas con tu
adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario
te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
La
cárcel de Dios es muy dolorosa, pero los que van a esa cárcel, es
porque ellos lo eligieron por querer permanecer en el pecado, sufrirán
lo mismo que hicieron sufrir a su prójimo, ya que ante la negativa de ir
por el camino correcto, el de no creer en la palabra de Dios, van
irremediablemente a la cárcel correccional.
Esta es la sentencia,
en el Reino de los Cielos todo lo que se hace, es únicamente por amor,
en el Reino de Dios no hay ni puede haber discordias, no puede haber
hipocresía, todos viven en perfecta armonía, nadie es más que los otros.
26
Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.